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Contra las distracciones, llega el frenado autónomo de emergencia

Frenado autónomo de emergencia

El principal factor de siniestralidad ya no es la velocidad sino la distracción. En palabras de Jesus Monclús, director de Prevención y Seguridad Vial de Fundación MAPFRE, “somos capaces de conducir de manera mecánica, sin que luego recordemos casi nada del trayecto, pero si surge un imprevisto reaccionamos tarde porque nuestro cerebro se encuentra a miles de kilómetros de distancia”. Una de las consecuencia más graves de conducir sin atención es que nos imposibilita para frenar a tiempo y así, lo que podría haber sido solo un susto, se puede convertir en un siniestro de circulación.

Ante esta realidad, el frenado autónomo de emergencia (AEB, Autonomous Emergency Braking, por sus siglas en inglés) se erige como uno de los sistemas que más vidas podrían salvar. En caso de despiste por parte del conductor y riesgo de colisión por alcance, el sistema es capaz de detectar el peligro inminente y actuar en dos fases. Por un lado, avisa al conductor (mediante un pitido) de que hay riesgo de colisión, pero si este no reacciona, el sistema reduce la velocidad y detiene el vehículo con una frenada de emergencia.

La eficacia de este sistema es posible gracias a que hoy los vehículos incorporan un gran número de sensores que permiten tener más información sobre los está pasando en el entorno. El uso de cámaras, de radares posicionados en la rejilla frontal y de sensores en los pedales del acelerador y del freno permiten obtener los datos necesarios del exterior. Una centralita los procesa y decide si ha llegado el momento de activar la frenada de emergencia.

Aunque el sistema está programado normalmente sólo para detectar la proximidad de la parte trasera de los vehículos (turismos, camiones, y en ocasiones motocicletas), se ha demostrado que es de gran utilidad también para detectar la cercanía de peatones y ciclistas, y frenar en caso de posible atropello.

El uso del frenado autónomo de emergencia produciría una disminución de siniestros por alcances en carretera entre un 50-60%. Pese a ello, este equipamiento no suele ser instalado de serie y su coste fluctúa entre 400 y 1.000 Euros. Su uso no es obligatorio ni está previsto que lo sea a medio plazo.

Estos datos provienen del conjunto de fichas elaboradas Fundación MAPFRE sobre los ADAS o sistemas de ayuda a la conducción. En ellas se explica en qué consisten estas tecnologías, cuáles son sus componentes principales, los tipos de siniestros de tráfico para los que son efectivas, el porcentaje de siniestros relevantes que podría evitarse, y el coste estimado final para el consumidor.

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